Reflexión institucional en tiempos de Coronavirus

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¿EN QUÉ ESTÁN PENSANDO?

No es el título de una comedia. Es la referencia a todos los actores que están involucrados con la actividad profesional de los médicos en la Argentina.

Durante muchos años el trabajo médico argentino se ha prestigiado con un liderazgo científico y académico reconocido en todo el mundo.

El mismo era remunerado acorde a la calidad y capacitación profesional, y la ley de Obras sociales con más de 70 años de existencia en ningún momento atentaba contra el trabajo y la remuneración de los médicos, teniendo un objetivo claramente social, permitiendo universalizar el acceso a la salud.

Con el tiempo, los cambios relacionados con la complejidad de la medicina en términos tecnológicos, generaron un espacio para que los gerenciadores de la salud ya sean públicos como privados, comenzaran a mirarla en términos económicos, ya sea como un negocio o como un gasto.

El Honorario profesional comenzó lentamente desde hace aproximadamente treinta años a constituir la línea de ajuste frente a la embestida de la tecnología.

Hoy en día nos encontramos con la Salud manejada por contadores o técnicos, que de medicina no saben nada y claramente subestiman el trabajo profesional, los pocos médicos que participan no ejercen la profesión y se olvidan de su esencia o nunca la tuvieron.

Los sueldos de los médicos que trabajan en la Salud pública representan mucho menos del 10% de lo que se llevan en la mano nuestros diputados, y todavía se los persigue con la carga horaria, la cual es claramente ignorada por nuestros representantes en las cámaras.

Algunos eligen dar conferencias para la industria torturando la estadística para que diga lo que le indican, otros auditan a sus pares muchas veces sin contar con la capacitación necesaria, también torturando la estadística para no autorizar algún tratamiento o alguna practica costosa, con el objetivo de ahorro y no de calidad de atención.

Finalmente un gran número de médicos trabajan de médicos e intentan vivir atendiendo cientos de pacientes por honorarios lastimosos y que no le permiten tener una calidad de vida óptima, por lo que rápidamente la práctica profesional se transforma en un suplicio sin recompensa, ni voluntad de actualización.

Hoy estamos frente a un nuevo escenario; La pandemia del COVID- 19, que nuevamente pone a prueba el compromiso de los profesionales frente un panorama mundial preocupante e impredecible.

Sin dudas junto al resto de los profesionales de la salud son un grupo claramente vulnerable, y no me refiero en términos de riesgo, sino un grupo con alta chance de infectarse.

El espacio en los medios dedicado a la gravedad de la pandemia, y al protagonismo de los políticos es enorme, sin menospreciar las medidas adecuadamente instaladas, y los resultados razonablemente alentadores.

No existe espacio salvo para reconocer el esfuerzo de los médicos con aplausos a las 21 horas y el cacerolazo para decirle a los políticos que está pasando algo y tal vez a modo de compromiso pueden ajustar sus dietas y dejar de hacer que trabajan o por lo menos cobrar por lo que hacen.

Finalmente nadie se ha preocupado por el honorario profesional, no solo eso, sino que fomentan las consultas virtuales, exigen el envió de recetas con datos como direcciones de farmacia, etc., y en ningún momento se preguntaron: “Doctor cuanto le debo”.

Están planteando disponer de los sanatorios y clínicas, poniendo en evidencia la falla en la infraestructura y cobertura de salud pública y el nivel de improvisación y de respeto con el que se han manejado durante años.

El honorario profesional hoy en día representa un porcentaje mínimo del valor de las prestaciones.

Si lo siguen ignorando continuaran destruyendo el objetivo más importante que es la salud de todos y finalmente incrementaran los costos innecesariamente.

Los médicos de la Argentina necesitan ser reconocidos en términos económicos, y este es el momento; Sino pronto cuando todo esté destruido volverán a escuchar
“En que están pensando”

Dr. José María Lastiri, presidente
Dr. Santiago Bella, vicepresidente
Asociación Argentina de Oncología Clínica